Según los libros de biología los sensores de estrés de las células tienen una sola función, la de controlar proteínas. Después de esta investigación, tendrán que ser modificados.

Fueron cuatro años de trabajo y casi una decena de instituciones nacionales y extranjeras que colaboraron en un descubrimiento que releva el aporte de la ciencia básica a problemas de salud pública que afectan a todo el planeta, como obesidad y diabetes.

En el Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica (BNI), un grupo de investigadores intentaba responder una pregunta que se suponía resuelta y comenzaron a reestudiar los mecanismos que mantienen el equilibrio de las proteínas en las células.

En el interior de la célula existen unos sensores especializados en detectar posibles daños en el equilibrio de las proteínas y que se ubican justo en el lugar en el que está la estructura encargada de fabricarlas. “Hace cuatro años nos llamó la atención, que estos sensores de estrés no están en cualquier parte, sino que se concentran en el punto donde la máquina que produce las proteínas se comunica con la máquina que produce la energía de la célula (mitocondria)”, explica Claudio Hetz, director del BNI y profesor titular de la Facultad de la Medicina de la U. de Chile.

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Fuente: Diario La Tercera